
El investigador del Conicet Hugo Míguez, doctor en Psicología y especialista en alcoholismo y adicciones, consideró en una entrevista para El Territorio que “hay que dejar de demonizar a las sustancias y enfocarse en por qué cada vez hay más consumo.
Entrevista:
- ¿Por qué sigue aumentando el número de jóvenes que abusan del alcohol y de las drogas ilícitas?
- “Porque vivimos en una cultura del descontrol, que se fue instalando entre nosotros desde hace por lo menos unos veinte años, y donde lo que se busca permanentemente es perder el control de la conducta a través de la ingesta de distintas sustancias, algunas legales y otras no. En todos los órdenes esto estalla en una mayor violencia y en una creciente accidentología. No es ocurrencia del joven que sale una noche y se toma todo. Es consecuencia de una cultura que además lucra con este fenómeno. El análisis que nos debemos hacer los argentinos es por qué nos rasgamos las vestiduras cada vez que aparecen noticias de jóvenes bajo efectos de drogas que matan por robar un celular o chocan por manejar alcoholizados, si al mismo tiempo somos complacientes con un sistema que apoya decididamente todo lo que signifique el descontrol”.
- Cuando se aborda esta problemática de los jóvenes como consumidores de drogas y alcohol, generalmente se pone el acento en el cuidado que debe tener la familia y también la escuela, pero desde su punto de vista el acento debe ser mayor y debe involucrar a toda la sociedad.
- “Sí, porque las familias no pueden luchar solas contra todo un sistema. Por supuesto que el ámbito familiar es fundamental, pero con esto sólo no alcanza. Es un problema de matriz social y no solamente de hijos transgresores o padres distraídos. Tampoco se trata de ignorar la importancia de la escuela en materia de prevención. Pero no parece razonable esperar que la escuela por sí misma desmantele una cultura comercial, al menos no en un mundo en el que los que recogen el dinero entienden que a ellos no les toca recoger los heridos. Hoy un joven que quiere salir a divertirse y no quiere tomar, está en un verdadero problema. Porque todo el sistema empuja para que eso no suceda. Y además no se trata sólo de tomar un trago sino de excederse en la ingesta. Hice pruebas con los mismos chicos en las salidas para saber qué es la ‘previa’ antes del boliche y qué toman. Un vaso de fernet con coca tiene cerca de cien centímetros cúbicos de alcohol, una medida que en sangre a un adolescente que pesa entre sesenta o setenta kilos le puede causar un coma alcohólico”.
- ¿Este crecimiento de consumo de drogas y alcohol golpea a todos los sectores sociales?
- “Sí. Algunos tomarán vino en cajita y otros champagne. Algunos conseguirán cocaína y otros paco. Pero el consumo está presente en todas las clases sociales. Lo que varía es la respuesta o la contención ante el desastre consumado. Por ejemplo, un adolescente de clase alta que tiene un accidente por conducir su moto bajo efecto de drogas, seguramente será asistido por una prepaga y al otro día amanecerá rodeado de psicólogos que le preguntarán por qué hizo lo que hizo. En cambio un joven de una villa quizá amanece tirado en una esquina lastimado en una pelea callejera y encima es llevado detenido a una comisaría”.
- ¿Cómo se instaló esta cultura que usted denomina del ‘descontrol’ y quiénes la impulsan?
- “Esta cultura fue capitaneada en un principio por el marketing de las bebidas alcohólicas, que buscó el relajamiento de cualquier clase de cuidado con las sustancias tóxicas. Esa idea penetró distintos ámbitos sociales, como por ejemplo la música. No es difícil hacer un rápido repaso de las producciones nacionales de las dos últimas décadas, donde toda la cuestión relacionada con la pérdida del control está muy vigente. Lo muestran letras que hablan de la jarra loca, de querer estar de la cabeza, de querer vitaminas. La instalación de esa cultura, donde no hay cuidado de sí ni del otro, está apoyada en la utilización de alguna clase de fármacos, incluido el alcohol”.
- En las publicidades de bebidas alcohólicas es cada vez más notoria la presencia de mujeres y sobre todo de chicas muy jóvenes. ¿Esto obedece a la búsqueda de ese target?
- “Sí. Actualmente las políticas de mercado de las bebidas alcohólicas buscan sumar a las mujeres al abuso. Hace veinte años el objetivo estaba centrado exclusivamente en los jóvenes, pero actualmente se busca incorporar a las chicas. Hay toda una campaña por parte de las firmas de vinos frisados que tiene como específico objeto de mercado a las chicas, con mensajes del tipo ‘liberate’ o ‘destapate’. Hoy a una chica de 17 años que sale a bailar le resulta muy difícil no tomar alguna de las tantas propuestas alcohólicas”.
- ¿Cuál es el límite que separa el consumo de alcohol en el ámbito por ejemplo de un brindis familiar o entre amigos, al del abuso de esa sustancia?
- “El alcohol cambió la convivencia que tradicionalmente tenía con nuestra cultura y se farmacologizó. Antes la familia se reunía para almorzar juntos y se tomaba el tradicional vino que acompañaba ese encuentro. Los amigos se encontraban para conversar algún tema y amenizaban el diálogo con una cerveza. Ahora los jóvenes se reúnen sólo para tomar. Ya la comida, el diálogo o el encuentro en sí pasa totalmente a segundo plano porque el objetivo es tomar. Y tampoco importa qué se toma sino el efecto de lo que eso causa. No se distingue entre un buen o mal vino. No se saborea la bebida, se la toma para que ‘pegue’. Lo que se busca es el consumo de algo que altere la capacidad de control”.
- ¿Qué busca una persona que quiere que la bebida o el consumo de sustancias le 'pegue'?
- “Busca fabricar un estado emocional descontrolado para conectarse con sus pares, para evadirse de la realidad o. de acuerdo al estado anímico de cada uno. para algún objetivo en particular. Pero siempre usando algún tipo de sustancia que lo estimule. Como consecuencia se afloja el estado de defensas frente a lo que lo rodea. Pierde los sistemas de alarma. En ese estado no hay aviso que a más de cien kilómetros habrá más posibilidades de choques o que una relación sexual sin profilácticos trae riesgo de contraer infecciones o embarazos no buscados”.
- ¿Cómo reaccionó el Estado argentino frente al avance de esta contracultura? ¿Estamos preparados desde las escuelas, los hospitales y los servicios de seguridad o Justicia para hacer frente al creciente consumo de drogas por parte de la población?
- “Por los resultados que estamos viendo a lo largo de estos veinte años se nota que aún no se pudo ni siquiera diagnosticar bien el problema. Y como consecuencia de ello las respuestas oficiales siempre fueron meros paliativos sanitarios y aún no tenemos una política integral contra el abuso de alcohol o de drogas realmente efectiva. Todas las políticas oficiales tienen una visión farmacológica de este tema y no una mirada cultural como debiera ser para entender esta problemática desde sus raíces”.
- ¿Cuál es la diferencia entre una mirada farmacológica y una cultural como la que usted propone?
- “Una mirada farmacológica es entender el abuso solamente desde un punto de vista toxicológico, poniendo el acento en el sustancia -ya sea el alcohol o las drogas ilícitas- y en las consecuencias clínicas y mentales que desencadenan en el consumidor. Por eso se arman esas campañas de repartir folletos en los balnearios, advirtiendo las consecuencias de fumar marihuana o tomar cocaína. Es una mirada que busca demonizar a la sustancia, como si esta fuera la responsable de los problemas de las adicciones. En cambio deberíamos abordar esta problemática desde una perspectiva más amplia y cultural, entendiendo que el problema no es la sustancia sino los usos que la persona hace de ella. Y sabiendo que nuestro problema más grave no son las adicciones, sino los abusos”.
El perfil
Hugo Míguez
Psicólogo de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad de Costa Rica. Doctor en Psicología de la Universidad de Palermo. Fue director del Departamento de Investigación del Instituto Nacional Sobre Alcoholismo de Costa Rica, Centroamérica, desde 1976 hasta 1986. Es autor de los libros El espejo de Erised: determinaciones sociales del abuso epidémico de alcohol , Uso de Sustancias Psicoactivas: investigación social y prevención comunitaria y los Vidrios oscuros de la droga. Es consultor de diferentes organismos nacionales y regionales vinculados al tema del abuso del alcohol y las sustancias psicoactivas. Tiene publicaciones en revistas científicas desde 1981 hasta la fecha. En tres oportunidades recibió el Premio Acta de investigación para América latina por su trabajo en Costa Rica (1982) en Paraguay (1991) y en la provincia de Buenos Aires (2006). Desde 1986 hasta la actualidad es investigador de carrera en Epidemiología Psiquiátrica en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina.
Publicado en El Territorio el Domingo 27 de febrero














