
La explosión turística que vive Misiones en este verano, desparrama beneficios a lugares y sectores impensados. Ese es el caso de la familia Goralewski, cuyos integrantes aún no pueden creer que gran cantidad visitantes que transitan diariamente por la ruta nacional 12, se detengan a realizar compras de frutas frescas y productos de granja envasados artesanalmente, que ellos los comercializan en unos 15 puestos de venta que tienen a la vera de la arteria, a la altura del paraje Tres de Mayo, a escasos dos mil metros al Sur del acceso a la Gruta India. Es que si bien la invasión turística fundamenta el incremento de un 30 por ciento en los niveles de ventas comparativamente a una temporada atrás, estos típicos productores de las chacras misioneras contribuyeron a que sus puestos, aún a pesar de la construcción muy precaria que exhiben, sean prácticamente un lugar obligado de parada: todos tienen en su frente un ejemplar de zapallo gigante cultivado en sus parcelas, el más grande de los cuales pesa 77 kilos. “Muchos de los turistas que pasan por acá se detienen al ver el zapallo, pero compran el resto de los productos que vendemos”, explican casi a coro las mujeres de las familias, quienes junto a sus hijos son los encargados de la atención de los stand y comercialización de los productos, mientras que los hombres son los que tienen bajo su responsabilidad la plantación y cosecha, “aunque también ayudan a envasar los productos”, aclaran las damas.
Atracción total
Según relatan, fueron varios los zapallos enormes que se comercializaron, “pero los que más recordamos fueron los que les vendimos a unos turistas de Salta y otro a unos de Tierra del Fuego, porque eran de las dos provincias de los extremos del país. Les vendimos zapallos de 40 ó 50 kilos más o menos, porque el de 77 kilos, que es el más grande que cosechamos hasta ahora, no lo vendimos, a pesar del interés demostrado por muchos que nos lo querían comprar para usar sus semillas y ver si pueden cosechar uno más grande aún”, dijeron.
Con amabilidad, alegría y buen humor, estos misioneros destacaron que “el zapallo es bien argentino”, Y aclaran esa situación porque fueron muchos los visitantes que consultaron si no tenía origen brasilero, “sobre todo por el tamaño, ya que ellos hacen o dicen hacer siempre las cosas más grandes del mundo”, señalan.
“Una vez, mirando la televisión, en ocasión de la exposición en La Rural de Palermo, vimos un zapallo gigante y nos llamó la atención, Entonces nos pusimos en contacto con algunos parientes de Buenos Aires para que fueran a ver si podían conseguir la semilla. Las conseguimos y plantamos en nuestras chacras. Y si bien el zapallo original era de un color gris, acá nos salieron anaranjados y más lindos, porque la tierra colorada ayuda”, destacan. Con un precio fijado en mil pesos, el zapallo de 77 kilos espera por un comprador y si, como hasta ahora, a pesar del interés que despertó no se lo llevó nadie, se transformará en alimento para los animales de la chacra, o bien se transformará en cientos de frascos de zapallo al almíbar.
El futuro
Registrados como pequeños contribuyentes del sector agropecuario, los Goralewski esperan poder seguir en el mismo lugar, aunque también apuestan al progreso y desarrollo del emprendimiento que les permite ganarse el pan con el sudor de sus frentes. “Muchos nos sugirieron e, incluso, nos ofrecieron algún beneficio social del Estado. Pero nosotros aprendimos a vivir de otra manera: trabajando. Optamos por diversificar. Así conseguimos mejorar nuestros ingresos”, destacan orgullosos.
Además del llamativo zapallo gigante, en los puestos se pueden comprar sandías, choclo, productos caseros envasados, mango y ananá; artesanías en piedras, entre otras cosas. Y si bien la prolongada sequía afectó la cantidad de la producción, estas familias no se desaniman. Por el contrario, ya proyectan el futuro mejor con el que sueñan, para que sus locales sean más llamativos. Para ello se contactaron con el intendente Avelino González, para avanzar en mejorar el acceso y la calidad de los puestos de venta que tienen.
Llevan 40 años en la ruta 12
Los Goralewski son 12 hermanos, hijos de Alberto Goralewski y Lucía Strieder. Todos fueron criados por doña Lucía, con lo que producía su pequeña chacra, situada a la vera de la ruta 12 y que hoy sigue siendo el sustento de la misma familia, como así de sus hijos e hijas, que se casaron. La tradición de vender productos de la chacra a un costado de la ruta 12 empezó hace 4 décadas. “Todos nosotros empezamos a vender acá, en este lugar, a principios de los años 70, cuando se asfaltó la ruta 12. Ese era el mandado que le hacíamos a mamá. Y hoy, 40 años después, seguimos firmes, ya junto a nuestros hijos, mientras los hombres se encargan de la chacra y, a veces, nos acompañan en los puestos”.
El Territorio










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Pasenlo por favor... Como se las ingenian estos hdp!!
Cuidemos nuestras chicas, amigas, compa...
esta muy buena toda la info que nos dan.
es de gran importancia!!!
muchas gracias......saludos!... 













